Aquella Aventura Romántica.

En los años 80, hubo un equipo que ejerció un intento lleno de valor, pero también de temeridad. La Salle basket, uno de los clubs de más tradición en Cataluña había conseguido el hito de ascender a 1ra división (aún no era ACB). Fieles a sus principios escolares que le habían llevado a su mayor éxito, decidieron jugar con una plantilla en la que no habrí­a americanos.

En aquel entonces, el único mercado exportador de jugadores era EE.UU y en la liga española sólo se permití­an 2 por equipo. En el fondo, los aficionados al basket deseaban que dicho proyecto romántico triunfara, pero verlos cada jornada caer derrotados, a veces de forma aplastante, creó un sentimiento de lástima que se prolongó durante toda aquella temporada.

Los hoteles pueden caer en un error similar, aunque la razón de dicho empeño no sean los principios románticos que la Salle tení­a.

El mercado, la competencia, las tendencias, forman una liga competitiva, en la que se debe jugar con los mejores. Si se ficha a trabajadores pensando sólo en que los salarios sean lo más bajo posibles, tendremos una plantilla en la que no habrá americanos, y nuestro equipo acabará bajando a 2nda.

Fichemos a quien nos puede aportar algo diferente. Y actuemos en consecuencia con sus condiciones. A veces los directivos no tienen margen de maniobra por los “gaps” salariales fijados por la empresa. Otras son los convenios. Ahí­ tendremos que ser imaginativos para que a un buen profesional le guste la idea de jugar la liga con nuestro equipo, sin que el salario sea su único motor.

Recuerden a un joven pivot llamado Porzingis, que eligió jugar unos años en C.B.Sevilla en lugar de otros equipos más potentes, antes de dar el salto a los New York Knicks y triunfar desde el año pasado en la NBA.

Vale lo mismo un buen jugador ACB que otro bueno además con experiencia NBA? Vale lo mismo un buen camarero que otro buen camarero que habla inglés?.

La decisión de fijar categoría y salario debe basarse en lo que un trabajador aporta al hotel. Y el resto del equipo (sindicatos incluidos) debe entender por ejemplo, que llevar más años en el equipo no es razón para tener mejoras de contrato si además resulta que el jugador entrena menos que otros, o su nivel de juego ha caí­do en picado.

En los hoteles la liga nunca acaba. El romanticismo es una llama que debe perdurar y alimentar varios aspectos del servicio, pero si usted es cliente del hotel, seguro que prefiere que le atienda un equipo con “americanos” en su plantilla.

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