ESE DIA QUE NADA SALE

Cuantos partidos hemos jugado mal sin saber por qué. Llegamos tarde a la defensa cometiendo falta, el balón rebota en el aro y se sale, los tiros libres mil veces ensayados no entran… y se pierde un partido en el que todos los jugadores han estado mal.

Esta sensación también ocurre en los equipos de trabajo. Las buenas o malas rachas en el juego llegan, pasan, se van, o no, según se reaccione.

En un hotel es relativamente fácil saber si se está en esa situación: dar una vuelta y ver un papel en el suelo, un cartel a la entrada del bar que anuncia un partido en TV que se emitió ayer, los alimentos del buffet expuestos sin decoración, o sin retocar – después de haber pasado clientes que ya han consumido de esa bandeja-, zonas en las que la ambientación musical no se oye..

Pequeños detalles quizá tapados por una eficiente gestión “macro”, (por ejemplo que los números vayan bien) pero detalles que pueden ser definitivos cuando nuestro cliente es exigente, espera algo más y volverá o no en el futuro según nos evalúe. Con lo cual, los resultados económicos en el futuro podrían empeorar.

Supongo que en cada trabajo o deporte puede ocurrir lo mismo, y tengo claro que sea en la cancha de basket o en el hotel, el coach debe ser capaz de darse cuenta a tiempo para diseñar la manera de reaccionar.

Durante un partido, una reacción es posible “inyectando en vena” el ansia de victoria, oyendo el rugir del público, tocando la fibra sensible y el momento caliente del jugador.

En el hotel, “tocar” la profesionalidad de cada responsable, su amor por el trabajo y por su “casa”. Esas serán las claves para llevar a toda la plantilla la voz de alarma.

Actualmente las redes sociales son otra “escala de Richter” que puede zarandearnos si es que estamos muriendo de éxito alejándonos de tocar la realidad del día a día. Las seguimos?, las analizamos? las alimentamos?

Un buen equipo será capaz de revertir la situación rápidamente y darle la vuelta al marcador. Recuerdo haber ganado partidos cuyo resultado en el descanso era para marcharse de la grada. Hay pocas satisfacciones profesionales tan agradables como sentir que los pequeños detalles vuelven a ser tenidos en cuenta y que las puntuaciones que los clientes otorgan al hotel remontan tras haber trabajado con el equipo.

Nada ocurre por casualidad. Un hotel es como los platos chinos que vemos en el circo. Hay que mantenerlos siempre girando, y saber que de vez en cuando alguno necesita un “meneo”.

Tener la vista limpia y el cuerpo ágil ayudará a intervenir antes de que se tengan que recoger los trozos de loza.

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