Los Angeles Lakers Kareem Abdul Jabbar's last jump ball at Boston Garden

ESE OLOR A PARQUET

Todo ex jugador o aficionado al basket lleva en su mente, aún sin darse cuenta, experiencias sensoriales que le han dejado marcado para siempre. Uno de esos sentidos es el olfato: al entrar en un pabellón, será capaz por muchos espectadores que haya, de llegar a oler el parquet de la cancha… Incluso la vista cálida de esa superficie de madera le transportará sin duda a momentos de felicidad en los que el basket le dio vida, le hizo sentir fuerza, positividad, ilusión, también rabia, frustración, satisfacción… ganas de comerse el mundo.
Los que hemos jugado y competido, llevamos en nuestra alma el basket. Y si nos dedicamos a una profesión en la podamos poner el alma, quizá lleguemos a acercarnos al disfrute que teníamos cuando entrábamos a canasta o encestábamos un tiro ganador. Y digo sólo acercarse, porque no hay nada como el basket.
Los hoteleros nos dedicamos a gestionar los sentidos de las personas.”¿Cómo, pero no se dedican a ofrecer servicios? ” Pues no amigo, y aquí es donde pensará de mí que soy un “gachupín” o expresión peor.
Un cliente quedará contento o no en un hotel por razones mil. Lo cierto es que si el servicio es bueno o malo, nos sentiremos bien o mal. Es cuestión de sentidos o no?
Un buen jugador puede tener un mal partido porque “no se encontraba a gusto”, sin saber los motivos. Y es el equipo técnico quien debe cuidar que eso no ocurra, o que dure lo menos posible, o mejor aún, que no vuelva a repetirse.
En los hoteles trabajamos el olfato -aroma a croissant o café en el bar en lugar de pachuli- , la vista -flores, colores-, el oído -fuentes de agua, música- el gusto -cuidada gastronomía- y el tacto -sábanas suaves, sofás cómodos…- todo ello para ayudar a que el jugador (cliente) se muestre positivo de cara al partido (la estancia en el hotel).
Nuestros sentidos nos mueven a tomar decisiones y a disfrutar de momentos que si pudiéramos, nos gustaría repetir. Yo no puedo jugar como cuando tenía 20 años, pero recomiendo a todos los chicos que prueben el basket. Quizá un cliente no pueda volver a nuestro hotel por circunstancias personales, de lejanía etc… Pero sí puede recomendar a otros que se alojen en el establecimiento disfrutado por él.
Una vez quedan en manos del directivo hotelero las riendas del negocio tras la intervención de arquitectos y decoradores, es su experiencia, su trabajo y su equipo los que le ayudarán a desarrollar todos los detalles posibles que puedan influir en el estado sensorial de sus clientes. Investigar, innovar, aprender, imaginar y crear. Qué suerte poder trabajar en algo tan bonito como hacer felices a las personas, verdad?
Los espectadores de un partido de basket a veces salen contentos a pesar de la derrota. Quizá por lo que han visto (lucha, esfuerzo), oído (gritos animando), olido (parquet, linimento) saboreado (esos perritos calientes) o tocado (choque de palmas). Se sienten a gusto y son felices.

Si resulta que el basket y los hoteles van a tener cosas en común!!

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